El maestro Enrique Arturo Diemecke, compositor y orquestador mexicano, fue el director artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional de México durante 17 años y actualmente también es el director musical principal de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, la orquesta Sinfónica de Long Beach y la Orquesta Sinfónica de Flint.
Ud. es uno de los pocos directores que han dirigido el montaje de la Octava Sinfonía de Mahler en América Latina. ¿Dónde más los ha realizado?
En México y Argentina
En su experiencia ¿qué ha sido lo más difícil de llevar a cabo en estos montajes?
Bueno, en México, para el concierto del milenio en el año 2000 montamos la Octava Sinfonía de Mahler en el Palacio de Bellas Artes, por segunda vez, y fue más difícil que la primera –en el 90—porque los bomberos nos exigían unos requerimientos muy complicados relacionados con la seguridad. Ciudad de México es una capital altamente sísmica
¿Qué es lo más difícil de realizar este montaje en Colombia?
Creo que lo más difícil es que tanto en México como en Argentina –en Buenos Aires llevamos a cabo el concierto en el Teatro Colón— los montajes se llevaron a cabo en teatros de ópera, donde la infraestructura misma está pensada para una escenografía que se arma y se desarma. Aquí, en cambio, para adecuar el escenario del Jorge Eliécer Gaitán, hemos tenido que traer un escenógrafo externo para que nos ayude con el montaje en el que actuarán más de 400 músicos al tiempo.
¿Cómo se está realizando el montaje musical de este concierto aquí en Bogotá?
Bueno, las partes han estado ensayando independientemente y después haremos un trabajo de ensamblaje. Los coros han estado ensayando por un lado, por otro lado la orquesta y por otro lado los solistas. Yo los he estado viendo para ajustar cosas. La semana anterior ensayaremos en el Jorge Eliécer Gaitán, con todo montado y todos vestidos
¿Cómo se va a dirigir Ud. a 400 personas, teniendo en cuenta que un grupo de músicos estará incluso en el balcón, entre el público? ¿Con micrófono?
No. A viva voz. Tendrán que estar muy atentos.
¿Cuál es la importancia y la pertinencia de realizar este montaje?
Esta es una obra que convoca y emociona. Convoca a mucha gente. Tanto a los músicos que van a formar parte del montaje, como a la gente que va a poder asistir para ver en vivo una de las obras orquestales y corales de mayor formato. Es un proyecto extraordinario
¿De qué trata esta obra?
Esta es una obra que habla del perdón, un tema que interesaba mucho a Mahler, y por el que él, siendo judío se interesó por el catolicismo. En la primera parte de la Octava, se llama al Espíritu Creador, para que venga sobre nosotros, y en la segunda, se recrea un pasaje del Fausto de Goethe, en el que Fausto es redimido gracias al amor materno.
¿Por qué fue tan extraña esta obra en su época?
La gente no estaba acostumbrada a ver esta combinación de coros y música sinfónica. La gente estaba acostumbrada a ver óperas. Pero esto no es propiamente una ópera, aunque sí tiene una estructura narrativa. Mahler decía que no quería hacer una ópera porque él sentía que esta obra superaba la ópera. En una ópera la escenografía limitaría el poder de la imaginación y no alcanzaría a evocar todo lo que él tenía en la cabeza.
¿Algo así como cuando la película no supera nunca el libro?
Exactamente. La ópera sería como la película, y este montaje es más como el libro, que nos lleva a imaginar lo inimaginable, y siempre va a estar por encima de lo que veamos en la película.