Julián es diseñador de escenografía graduado de la Universidad de Nueva York, y desde el 2003 vive en Bogotá, trabajando para obras de teatro y musicales. Ha realizado proyectos para el Teatro Nacional, Misi y el Festival de Música de Cartagena, entre otros. Sus últimos montajes incluyen las obras Pillowman y El Feo del director de teatro Pedro Salazar.
¿Cuál es el gran reto en el montaje de la Octava Sinfonía de Mahler?
La magnitud. El reto es hacer caber a toda la gente de una manera relativamente cómoda. Hay que tener en cuenta cuánto espacio se necesita entre un instrumentista y otro para tocar sin sacarse un ojo. La gente no puede apretujarse en el escenario, debe haber separaciones óptimas.
¿Cómo se va a lograr esto?
Va a ser necesario usar todo el escenario del Jorge Eliécer Gaitán --desde el fondo, desde la pared-- y además realizar una extensión hacia adelante que va a sacrificar las primeras hileras de la platea. Bueno, en realidad, en algunas partes serán más de dos hileras y en otras menos, porque la extensión que vamos a realizar tendrá una forma irregular que no sigue la curvatura actual del escenario.
También va a ser necesario usar una extensión en madera en la parte de atrás que rebote las voces hacia adelante, porque la concha acústica existente no abarca toda la profundidad del escenario, sino prácticamente la mitad, y se hace un vacío negro en el fondo, donde se pierde el sonido.
Los músicos además van a estar ubicados verticalmente en el espacio: va a haber distintos niveles en el escenario. Los coros van a estar sobre unas graderías. La idea es que se pueda usar hasta el último centímetro del escenario.
¿Todos los más de 400 músicos van a estar allí?
También va a haber un conjunto pequeño de la orquesta y un solista ubicados en el balcón.
¿Entre el público?
Sí. Sobre una plataforma que nivele el piso escalonado. Y el público va a estar rodeando a los músicos a los lados.
¿Este es un requerimiento obligatorio en todos los montajes de esta sinfonía?
La partitura de la obra sí especifica un conjunto de trompetas y trombones situado aparte del resto de la orquesta, pero la ubicación final de este conjunto ha sido elegida por el Maestro Diemecke --el director musical--, para lograr ciertos efectos de perspectiva con el sonido.
Entonces, ¿cuál va a ser la mejor locación para sentarse?
Pues en realidad, cualquiera, porque desde cualquier sitio el efecto tridimensional del sonido va a ser una cosa impresionante. Sobre todo para los que estamos acostumbrados a oír la música salir de un parlante.
Y ¿ya están listas todas las piezas para el montaje?
El fondo de madera está bastante adelantado, pero falta todavía la extensión del escenario, y definir algunos temas de acabados. El proveedor que nos va a suministrar las graderías para los coros, nos va a suministrar también la plataforma sobre la que se va a ubicar el conjunto orquestal en el balcón, que en realidad es una pieza más bien pequeña.
¿Qué es lo más emocionante para usted de este proyecto?
Imaginarme la totalidad final. Creo que va a ser una experiencia estremecedora. La Octava de Mahler es realmente una obra sublime y la energía que va a generar esa cantidad de músicos vibrando en la misma frecuencia va a ser muy fuerte. Una experiencia sonora y espacial en vivo increíble, para no perderse.
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